Cómo elegir agencia de diseño web
Todas las propuestas se parecen y todos los portafolios se ven bien. Estas son las preguntas que revelan la diferencia, y las señales que conviene tomar en serio.
Elegir agencia es difícil porque estás comprando algo que todavía no existe. No puedes probarlo antes, y las propuestas que te llegan usan las mismas palabras: estratégico, a medida, orientado a resultados. Los portafolios tampoco ayudan mucho, porque todos muestran lo mejor que hicieron y ninguno muestra el proyecto que salió mal.
Lo que sí distingue es el proceso: cómo trabajan, qué preguntan antes de cotizar y qué pasa cuando algo no sale como se planeó. Esta guía es el conjunto de preguntas que revela eso en una primera llamada.
Primero: decide si de verdad necesitas una agencia
Esta es la parte que ninguna agencia escribe y por eso vale la pena empezar aquí. No siempre somos la respuesta correcta.
Si tu proyecto es una página sencilla con contenido que ya tienes listo, un buen freelance te va a costar bastante menos y te va a responder más rápido. Si apenas estás validando si tu negocio funciona, una plantilla bien configurada te deja probar sin comprometer presupuesto que quizá necesites en otra cosa.
Una agencia empieza a tener sentido cuando el proyecto necesita varias disciplinas al mismo tiempo —investigación, arquitectura, diseño, desarrollo—, cuando el sitio es tu principal canal comercial, o cuando tiene que seguir vivo y creciendo durante años. Si tu caso no es ninguno de esos, contratar agencia es pagar por estructura que no vas a usar.
Las preguntas que revelan cómo trabajan
Hazlas en la primera llamada. No buscan una respuesta correcta específica, buscan ver si hay respuesta.
- ¿Qué necesitan saber de mi negocio antes de poder cotizar? Si no necesitan nada, están cotizando una plantilla.
- ¿Quién va a trabajar en mi proyecto y con quién voy a hablar? Si son personas distintas, pregunta cuántas capas hay entre tú y quien diseña.
- ¿Cuántos proyectos llevan al mismo tiempo? No hay número correcto, pero la respuesta te dice cuánta atención vas a recibir.
- ¿Qué pasa si a la tercera ronda de revisión sigue sin gustarme? Lo importante no es la política, es que exista una.
- ¿Cómo miden si el sitio funcionó después de lanzarlo? Si la respuesta es “se ve muy bien”, no hay medición.
- ¿Me pueden mostrar un proyecto que no salió como esperaban y qué aprendieron? Es la pregunta más incómoda y la más reveladora.
Señales de alerta
Ninguna de estas es descalificadora por sí sola, pero dos o tres juntas sí lo son.
- Te dan un precio antes de preguntarte nada sustancial sobre tu negocio.
- Garantizan primer lugar en Google. Nadie puede garantizar eso, y quien lo promete o no lo sabe o lo sabe y aun así lo dice.
- La propuesta no dice cuántas rondas de revisión incluye ni qué pasa después.
- No queda claro quién es el dueño del código y del dominio al terminar.
- El portafolio no tiene ningún proyecto del tamaño del tuyo.
- Presionan para cerrar con descuento por tiempo limitado. Un proyecto que se decide por urgencia se arrepiente por meses.
Cómo leer un portafolio de verdad
Un portafolio muestra capacidad estética, que es la parte fácil de evaluar y la menos determinante. Lo que conviene buscar es otra cosa: variedad. Si los diez proyectos se parecen entre sí, probablemente estás viendo un molde que van a aplicarte a ti también.
Busca también proyectos de complejidad parecida a la tuya. Alguien que solo ha hecho sitios de cinco secciones puede hacer un excelente sitio de cinco secciones, pero tu catálogo de ochocientos productos es un problema distinto. Y si un caso te interesa, pregunta qué parte hicieron exactamente: en muchos portafolios aparecen proyectos donde solo se hizo la interfaz sobre una estrategia ajena.
El precio es la última pregunta, no la primera
Comparar propuestas por el total es la forma más rápida de elegir mal, porque el total no dice qué incluye. Una propuesta más cara con contenido, capacitación y mantenimiento incluidos puede terminar costando menos que una barata a la que se le van sumando partidas.
Ordena las propuestas por alcance primero. Cuando dos propuestas cubran exactamente lo mismo, entonces sí, elige la más barata: ahí la comparación significa algo.